El bebé necesita atención. La casa también. Hay que organizar la comida, responder a la familia y prepararse para volver al trabajo. En medio de esas responsabilidades, una madre puede estar agotada, angustiada o sentirse extraña en una vida que acaba de cambiar. Pero la expectativa sigue siendo que sepa qué hacer y que, además, esté feliz.
“Pareciera ser que las mamás naturalmente tienen que ser buenas mamás, tienen que amar desde el principio, tienen que saber qué hacer, cómo cuidar. Pero ¿quién las cuida?”, pregunta Verónica Figueroa, psicóloga (MP 1747) y coordinadora de la Unidad de Prevención y Atención de las Violencias del Servicio de Salud Mental del Hospital Centro de Salud.
Mapa de la Salud Mental en Tucumán: los datos que encendieron las alarmas en la provinciaPara la profesional, parte del sufrimiento materno queda oculto detrás de esas exigencias. Las mujeres pueden sostenerlo y naturalizarlo porque sienten que corresponde al nuevo rol, especialmente durante el posparto.
“Hoy se materna muy solas”, señala. Describe situaciones en las que el teléfono aparece como guía y compañía, mientras falta alguien que pueda escuchar, compartir experiencias o hacerse cargo de una tarea.
Una identidad que se construye
Figueroa propone pensar esta transformación a partir de la matrescencia: una etapa de cambios corporales, emocionales y de identidad. La compara con la adolescencia por la cantidad de movimientos que introduce en la vida de una persona. “Cambio de cuerpo, cambio de identidad, cambio de rol y de lugar”, enumera. También cambia la posición dentro de la familia, la organización cotidiana y la forma de relacionarse con los demás.
Por qué la salud mental de los jóvenes está en su peor momento: el diagnóstico urgente de la presidenta del Colegio de PsicólogosEn ese proceso, la mujer necesita encontrar cómo incorporar la maternidad a su vida. La profesional describe también una melancolía vinculada con aquello que se modifica: “La mujer que dejo de ser, el cuerpo que perdió”.
Sin embargo, los mandatos pueden dejar poco espacio para reconocer esas sensaciones. Si todo debería ser hermoso, sentirse angustiada puede convertirse en otra fuente de culpa. Si se supone que una madre sabe cuidar por naturaleza, las dudas pueden vivirse como una falla.
Figueroa cuestiona la idea de un vínculo que aparece resuelto desde el nacimiento. “Es una construcción de un vínculo, un vínculo nuevo”, explica. Conocer al bebé y aprender a relacionarse con él forma parte de ese recorrido.
Por eso insiste en “desmitificar, salir de esto del perfeccionismo de que todo es bello y que es la mejor etapa de la vida”. El embarazo puede producir malestar; el parto implica dolor y los primeros días encuentran a muchas mujeres con el cuerpo agotado.
Cuando estar pendiente ocupa todo
Entre los malestares que observa, menciona la ansiedad y la vigilancia constante sobre el bebé. Despertarse reiteradamente para comprobar que respira, que no tiene frío o que nada le pasó puede ocupar las horas destinadas al descanso. “Este estado de hipervigilancia y de perfección que se busca también en el nombre de ser buena mamá genera mucha ansiedad y, a su vez, mucho estrés”, sostiene.
El problema, señala, puede quedar sin conversar porque las mujeres tienen incorporada la expectativa de poder resolverlo. “No se pide tanta ayuda, porque las mujeres tienen internalizado que tienen que poder”.
Cuando ese malestar dificulta dormir o retomar las actividades cotidianas, Figueroa plantea la necesidad de asistencia profesional. También remarca el valor del acompañamiento cotidiano, que permite descansar, bañarse o disponer de un momento propio.
“En principio, estar ya cuenta mucho”, dice. Escuchar y ofrecer apoyo puede tomar formas sencillas: “Andá a descansar un rato, que yo me quedo ahora”, o hacerse cargo de la comida.
Pedir ayuda al entorno o a profesionales, afirma, “no significa fracaso, significa reconocer que todas las personas tenemos límites”. A veces, el primer alivio puede empezar con alguien que llegue a la casa y permita que esa madre deje de estar a cargo de todo durante un rato.